En esta sección se describe un interesante articulo escrito por Luis Priamo sobre la importancia de las fotografiás en el relevamiento de la historia familiar.

En general podemos decir que las imágenes fotográficas tienen un doble valor: privado y cultural. La mayor parte de las personas, por desinformación, solo atiende al valor privado, no al cultural. La consecuencia de esta valoración parcial de la imagen fotográfica es su destrucción o su pérdida.

Para los que solo atienden al valor privado de una foto, ella les habla únicamente de su propio pasado. Esta relación de intimidad puede o no ser compartida con otros, y generalmente lo es. Compartimos las fotos familiares con nuestros padres y mayores, nuestros hermanos, esposos e hijos. A medida que los mayores desaparecen, la intimidad compartida se reduce, y cuando el último anciano de una familia desaparece muchas fotos mueren con él porque ya no le dicen nada personal a nadie. Por eso se tiran, y la razón que escuchamos es siempre la misma: “¿Para qué voy a guardar en casa la foto de un desconocido?”.

Atender únicamente al valor de intimidad de una foto significa, asimismo, proceder con ella discrecionalmente, como hacemos con todo los privado. Si el recuerdo que la foto evoca me desagrada, probablemente la destruya; e incluso tal vez la destruya por extremo cariño. Hace poco conocí a una anciana que debía mudarse a una casa más chica. No podía llevarse todas sus fotos, así que eligió algunas y quemó las demás. Le pregunté por qué no las había llevado a un museo: “¿Y a usted le parece que puedo dejar que una foto de mi padre o mi madre ande de mano en mano?. No señor. O están conmigo o no están con nadie”.

Cuando las fotos descienden al grado de interés más bajo desde el punto de vista del valor privado -es decir cuando están más expuestas- , su valor cultural se acrecienta, ya que reponen fragmentos sensibles de un mundo abolido del que nosotros provenimos y nos ayudan a reconstruirlo y a averiguarnos. Sólo el valor informativo de las viejas fotografías ya justifica su cuidado, sobre todo en una sociedad en proceso de cambio rápido y dificultosamente integrada como la nuestra, donde la preservación de los documentos culturales del pasado nunca desveló demasiado a los responsables institucionales.

La falta de un reconocimiento generalizado sobre el valor cultural de nuestras viejas fotografías no sólo afecta a los repositorios familiares, sino también a los archivos de los fotógrafos profesionales, generalmente arrojados por sus descendientes cuando ellos desaparecen.

Nos consta que algunos archivos de instituciones del Estado fueron destruidos por la absurda razón de que las cajas con negativos de vidrio, pesadas y voluminosas, ocupaban espacio “inútilmente”. Al parecer no están inventariados, o lo están de un modo sumario, así que no resulta difícil deshacerse de ellos. De esta forma hemos perdido colecciones fotográficas importantes, no sólo desde el punto de vista de la historia del desarrollo económico nacional, sino de la evolución de los métodos y formas de trabajo y de las costumbres y características de nuestra clase trabajadora.

No debemos olvidar que hacia fines del siglo pasado y principios del nuestro, el rito social de la fotografía, por su costo, era privativo de las clases alta y media, de modo que el registro fotográfico de las clases más pobres quedaba reducido a las notas periodísticas de nuestras escasas revistas ilustradas, a los álbumes de vistas y costumbres, también contados, al trabajo ocasional de fotógrafos amateurs o de profesionales excéntricos. Por eso el relevamiento sistemático que hacían las empresas extranjeras durante la construcción de las grandes obras públicas y el funcionamiento posterior de sus plantas y servicios, quizás haya conformado la serie de colecciones fotográficas más importantes sobre nuestra clase trabajadora de antaño.

Por todo esto sería muy saludable que las autoridades nacionales decretaran de interés cultural a las copias y negativos que registran la historia de nuestras empresas e instituciones estatales, actualmente con la responsabilidad de cada una de ellas. Eso garantizará, al menos, que no se sigan perdiendo “por razones de espacio”.

Si bien es cierto que no hemos estructurado todavía una política orgánica para el rescate, conservación y servicio de nuestras fotos del pasado, estamos avanzando en la conciencia de su necesidad, lo cual no es poco. Hasta encontrarnos en condiciones de planificar con seriedad etapas más complejas de un plan nacional de conservación en repositorios locales mínimos y, eventualmente, en grandes archivos regionales provistos de infraestructura adecuada, personal técnico especializado y medios suficientes para su mantenimiento -prospectiva que puede parecernos quimérica, pero que tenemos la obligación y el derecho de alentar-, es perentorio ampliar la conciencia pública sobre el valor cultural de las imágenes fotográficas antiguas, de modo que podamos detener o mermar cuanto antes la pérdida masiva y constante que sufrimos desde siempre. Los utópicos archivos perfectos del futuro serán inútiles si esta pérdida continúa. Sencillamente no tendremos qué guardar en ellos.

Ampliar esa conciencia significa que cada comunidad debe hacerse responsable de la preservación de su memoria visual mediante la simple iniciativa de no destruir sus propias fotografías. Por otra parte, no sólo protegerla de la propia inconsciencia destructiva, sino del saqueo y dispersión de las colecciones locales, estimulando un sentimiento legítimo de pertenencia, identidad cultural e interés en el cuidado de la memoria común. Desde museos, archivos, bibliotecas o fotoclubes locales, si los hubiera, desde cualquier organismo cultural que se interese por el tema es posible trabajar en esa dirección.

(Este artículo fue publicado en el diario “Clarín” el 30 de diciembre de l987).

* Luis Priamo es integrante del Centro de Investigaciones sobre Fotografía Antigua en la Argentina. Es asesor de la Dirección de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura de la Nación. Es autor del libro “Fernando Paillet, fotografías l804”